La sandía que consumimos hoy en día no tiene apenas parecido con la que revelan las semillas de 6.000 años halladas en Libia. Un reciente estudio llevado a cabo por un grupo internacional de investigadores encabezado por el colombiano Óscar Alejandro Pérez-Escobar descubre, con un alto grado de probabilidad, que su aspecto era blanco y su sabor, amargo. La pulpa tenía además «un gran contenido de un compuesto que se llama cucurbitacina, que es lo que da el sabor amargo a algunas calabazas y melones». Este compuesto, si se consume en grandes cantidades, puede llevar a la muerte, según declaró el investigador Pérez-Escobar a BBC Mundo.
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20 Sep 2022
La sandía fue blanca, amarga y potencialmente mortífera
La sandía que consumimos hoy en día no tiene apenas parecido con la que revelan las semillas de 6.000 años halladas en Libia. Un reciente estudio llevado a cabo por un grupo internacional de investigadores encabezado por el colombiano Óscar Alejandro Pérez-Escobar descubre, con un alto grado de probabilidad, que su aspecto era blanco y su sabor, amargo. La pulpa tenía además «un gran contenido de un compuesto que se llama cucurbitacina, que es lo que da el sabor amargo a algunas calabazas y melones». Este compuesto, si se consume en grandes cantidades, puede llevar a la muerte, según declaró el investigador Pérez-Escobar a BBC Mundo.
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